«Nihao es hola en mi idioma»

Los adoptantes de niños chinos llevan a sus hijos a aprender el idioma asiático para que no pierdan sus raíces culturales 

 

S. MASCARELL | GANDIA

    Una emoción incontenible asoma en el rostro de los padres adoptantes cuando el periodista propone que recuerden el momento en el que vieron por primera vez a su hijo nacido en China.
«Fue un instante inolvidable y hoy, cinco años después, todavía me dan ganas de llorar cuando lo recuerdo», asegura Elena Escrivá la madre de Elena, una pequeña vivaracha de la que esta pendiente en todo momento.
Elena nació en China hace seis años pero ahora se dirige a su madre en valenciano y castellano. Sin embargo, sus padres no quieren que pierda sus raíces orientales y han decidido llevarla a las clases de chino para niños que ha creado en Gandia una academia. «Fue una petición de varios padres y la academia montó toda la infraestructura», aseguró Antonio Parreño, director de Mangold.
Es jueves por la tarde y Elena ha comenzado a recibir lecciones del idioma junto a otras cinco niñas chinas y Jordi, el hermano de una de ellas, que contrasta en el aula por sus rubios cabellos y ojos almendrados.
Maribel Cebrián es la madre de Jordi y de Eva. El primero es hijo biológico y la segunda adoptada pero esto es sólo a efectos teóricos porque en la práctica no hay diferencia. Jordi asegura que ha decidido aprender chino porque su hermana no quería ir sin él a clase y porque quiere «ir a China para ver la gran muralla». Después de dos lecciones ya sabe decir algunas palabras al igual que sus compañeros: «Nihao es hola y xiexie, gracias en mi idioma», asegura su hermana Eva.
Pero no es el único que conoce los rudimentos del chino. Alba, una pequeña de 7 años, escribe en una libreta los números con caracteres chinos.
La complicidad de Alba con sus padres es tan estrecha que prácticamente no tienen secretos. Le han contado cómo llegó al seno de esta familia valenciana que pronto crecerá con una nueva niña china. Aprende rápido. Lo dice su profesora de chino, una joven de 20 años que se arma de paciencia para tratar de controlar la explosión de vitalidad de los pequeños.
Pero detrás de esta bucólica estampa se esconden años de entrevistas, tests de idoneidad paternal, y trámites burocráticos necesarios para el proceso de adopción. Fueron tres años y ahora que quieren adoptar un segundo hijo, el proceso se alarga a cinco.
«La adopción es un proceso complicado que se alarga más que un embarazo normal. La espera es tan larga que cuando finalmente llega el momento en el que tienes en tus brazos a tu hijo te das cuenta de que la paciencia tiene una recompensa», explicó Matías Barchín, un padre que ha creado una asociación para ayudar a nuevos padres adoptantes en la comarca de la Safor.
Tras este em

ocionante momento del ‘nacimiento’, llega el de la educación de los hijos y con los adoptados hay que seguir un proceso para que asuman de la manera más natural que nacieron en otro país pero tienen unos padres españoles total y absolutamente entregados.

En ese proceso de asimilación se encuentra el hecho de que los pequeños mantengan sus raíces. «No llevo a mi hija a clases de chino para labrarle un futuro sino porque quiero que aprenda su idioma», aseguró Elena Escrivá.
Fuente: Las Provincias
Siguenos en:

Deja un comentario