Los adoptados llegan a la adolescencia.

Los adoptados llegan a la adolescencia



adolescencia
Interesantísimo resumen extraído de la web Adoptar En Rusia sobre la adolescencia en los niños adoptados.
Ahí va la crónica de la 7ª Conferencia de los Encuentros de la Adopción, que con el título “LOS ADOPTADOS LLEGAN A LA  ADOLESCENCIA”, impartió Lila Parrondo, psicóloga y Directora de Adoptantis, el pasado 14 de mayo.
Yo, con un poco de mala idea resumiría la charla en una sola frase: un adolescente adoptado es un adolescente que tiene una posible dificultad adicional de identidad al desconocer su origen y sus antepasados biológicos.
El caso es que Lila Parrondo, con su solvencia y claridad de exposición habitual, dividió la conferencia en dos partes: la etapa de la adolescencia en general y las peculiaridades añadidas en el caso de los adolescentes adoptados.
LA ADOLESCENCIA ES UNA ETAPA CRÍTICA, que pone en estado de emergencia tanto la estabilidad personal del protagonista como de la organización familiar. El crecimiento del niño, que necesita consolidar su personalidad y establecer sus pautas de relación con el mundo es el origen de esta crisis, que provoca un cambio en el statu quo de la familia, desequilibrando las relaciones entre sus
componentes.
LA ADOLESCENCIA ES UNA ÉPOCA DE DUELOS por diversas cosas que se van perdiendo y que ya no volverán:
– duelo por el cuerpo de la infancia del adolescente, (más acusado en el caso de las niñas), que se transforma en otro extraño al que cuesta adaptarse.
– duelo por los roles de la infancia: se comienza a percatar de que tiene que asumir responsabilidades y que tiene que dar cuenta de sus actos.
– duelo por los padres perfectos perdidos: ahora se les somete a escrutinio y se les critica con especial dureza por eso, por haber dejado de ser perfectos.
SE HACE NECESARIO REDEFINIR LAS RELACIONES ENTRE PADRES E HIJOS, lo cual se consigue dedicando, sin tasa, PACIENCIA, ESPACIO Y TIEMPO. Toda la ayuda que sepamos dar a nuestros hijos en la adolescencia les preparará (y a nosotros) para hacer más fácil el momento de la separación y posibilitar una relación futura mucho más gratificante.
El niño cambia bruscamente, se vuelve indócil e irritable, y los padres normalmente cometen el error de pretender reconquistar la placidez perdida: esto origina una espiral de discusiones, amonestaciones, castigos, etc., que no hacen sino crispar más las relaciones familiares.
LOS CONFLICTOS SON NECESARIOS, no hay que rehuirlos, sino superarlos, porque gracias a ellos se completa la formación y se pasa a ser adulto-
El adolescente no sabe cómo pedir ayuda, no quieren ya ser pequeños, pero aún no saben cómo ser mayores (yo creo que tampoco saben recibir la ayuda que se les ofrece). Evalúa a sus padres y los compara cruelmente con otros, a los que viste de cualidades ideales.
El resultado es que nos ponen en dificultades, porque también nosotros nos enfadamos, al tiempo que revivimos nuestra propia  adolescencia, con sus errores y sus problemas, y nos cuesta salir de esta situación. Ya no podemos dirigirlos, ya la relación con ellos no es tan asimétrica, le tenemos que tomar más en consideración, y a cada momento puede surgir la discusión, ESPECIALMENTE CON LOS
LÍMITES QUE LES DEBEMOS PONER.
Ellos contraatacarán buscándonos nuestras contradicciones, haciéndonos ver que les pedimos lo que nosotros no cumplimos (“claro que he suspendido las matemáticas, ¿y tú por qué tardaste nueve años en hacer una carrera de seis?”)
También es habitual que los padres pasen sus duelos: han perdido sus niños (y ganado unos zangolotinos), hasta pueden tener celos de los niños ajenos. (Otros padres, en cambio, celebran la parcela de libertad reconquistada con el aumento de independencia del niño). A esto se suma la crisis de la edad media de los padres (los 50…)
En resumen, LA ADOLESCENCIA PROVOCA LA CRISIS MÁS CLARA EN LA HISTORIA DE LAS FAMILIAS, pero como todas las crisis, hay que aprovecharla para “hacer crecer a la familia”.
LA ADOLESCENCIA EN LOS ADOPTADOS Y SUS CONFLICTOS PARTICULARES.
– Los adoptados añaden a su duelo por el cuerpo infantil el cambiar a un nuevo cuerpo sin referencias, sin saber cómo es de adulto un individuo con sus genes.
– Se les junta el dolor por perder a los super-papis de la infancia con el duelo por sus padres biológicos: si no los han conocido, se los habrán inventado y ahora son conscientes de que su fantasía nada tiene que ver con la realidad. Su vida y su destino cambió al ser abandonados y eso les desconcierta (pueden entronizar a los biológicos o al contrario, preocuparse y sufrir por las condiciones en que se imaginan habrán quedado los componentes de su familia biológica que quedaron allí.
– Se plantean más en profundidad las preguntas sobre su origen y reflexionan acerca de su experiencia; se siente extraños, porque los que les cuidan no les procrearon y viceversa. Se pueden sumir en un mar de confusión al sentirse parte de dos familias.
– Necesitan nuevas respuestas preñadas de MUCHA CONTENCIÓN, MUCHO DIÁLOGO, MUCHA PACIENCIA, Y MUCHO ACOMPAÑAMIENTO.
– Puede presentárseles un conflicto de lealtades: piensan en viajar a su lugar de origen y fantasean con ir a ayudar…, a conocer, identificarse con los de su raza o con sus congéneres, buscar su historia…
– Se inquietan por los interrogantes sobre qué pasó, y por qué, qué situación de los padres pudo influir en el abandono; los adolescentes son más rebeldes ante la injusticia, no entienden la falta de equidad.
A LOS PADRES se les presenta la inseguridad:
– ¿Serán distintos a una familia biológica?
– ¿Resistirá el vínculo ahora, que aumenta la independencia de los hijos?
– ¿Rechazarán los hijos ahora la autoridad? (“Tú no tienes por qué darme órdenes si no eres mi padre…”)
– ¿Repetirán los niños las historias de sus progenitores que conocemos (…o imaginamos)?
– EL MAYOR TEMOR DE LOS PADRES: que nos abandonen y busquen a los biológicos.
– Algunos padres adoptivos sienten como pérdida la separación tras la adolescencia, temen que ya no serán reconocidos como padres, que el hijo romperá el vínculo y los lazos afectivos desaparecerán. Pero no se debe confundir la curiosidad y necesidad de respuesta con un supuesto deseo de huida por morir el vínculo.
LA REGLA DE ORO: La verdad nunca daña y el engaño enferma. El conocimiento de la realidad ayuda a fortalecer el vínculo, en contra de las historias inventadas, las mentiras o las construcciones míticas de la fantasía del adoptado, que en algún momento se derrumbarán causando heridas. El diálogo puede progresar, se puede ir profundizando en la historia verdadera según el menor va teniendo
capacidad de asimilación, y esto será un antídoto contra la huida.
Si está insatisfecho por no tener respuestas, el adolescente intentará encontrar la historia por su cuenta, de espaldas a nosotros que somos quienes se la habían escondido.
– NO DEBEMOS NUNCA DENIGRAR A LA FAMILIA BIOLÓGICA, porque ellos se sentirán como parte de esa familia despreciada (y más en el caso de etnias, culturas y raíces diferentes) y se verán impulsados a reivindicarlos o incluso buscarlos y ayudarlos. El adoptado necesita tener en su cabeza a la madre biológica para entender su familia como completa.
Hay que huir de tres situaciones: negar a los padres biológicos, sentirse (o, mucho peor, actuar) como padres a medias y cuestionarse quiénes son en realidad los verdaderos padres: NINGUNO ES FALSO, cada uno juega su papel y, por supuesto, el padre adoptivo es un padre distinto, pero completo. A la pregunta de antes “¿Y tú quien eres para…?”, responderemos, más que con nuestras palabras, con nuestros hechos y nuestra seguridad, según nos sintamos padres falsos, verdaderos, medio padres, o, simple y totalmente, padres.
ANTE SU DESEO DE BÚSQUEDA Y NUESTRA POSIBLE AYUDA nos pueden surgir otras inseguridades: ¿y si…
– los encuentra y quiere establecer una relación de algún tipo con ellos?
– los encuentra y decide quedarse con ellos?
– no los encuentra y nos echa en cara no haberlo ayudado a fondo?
Hay que serenarse y reflexionar, porque si nos preguntamos si nuestros hijos pueden sentir la llamada de la sangre y sentirse impulsados a recomponer… ¿Qué sería lo que recompondrían? ¿Una situación familiar insostenible de la que puede que ni se acuerden? ¿Realmente creemos que les va a ser tan fácil desligarse de su vida cotidiana, de su rutina confortadora, de lo que conocen, de sus amigos, de su familia realmente conocida, o sea, la adoptiva?, ¿qué pueden borrar de un plumazo la relación familiar actual, que es la que les ha dado un hogar en la mayor parte de sus vidas y la que les ha hecho crecer? Ni siquiera, teniendo sus lazos con el pasado mucho más fuertes, un emigrante que tiene su vida hecha en otro país vuelve, pero le gusta conversar, saber, rememorar, interesarse por sus orígenes.
Por último, Lila nos recordó los dos grandes lemas sobre los que deberíamos tener total certeza.
LA PREGUNTA PRINCIPAL ES “¿POR QUÉ NO ME QUISIERON?” Esto es lo que quisieran tener respondido.
LA NECESIDAD DE SABER NO CUESTIONA EL AFECTO NI EL VÍNCULO CON LA FAMILIA ADOPTIVA.
A continuación, nos contó varios casos de adoptados que ha tratado ella en su consulta, para que viéramos que la actitud ante los orígenes depende de cada individuo: una chica que se escapó 3 veces buscando a su madre biológica, que la abandonó con 6 años, al final se conformó con ver una foto: toda su ansiedad se calmó al ver su cara; un chico que tuvo problemas de adaptación porque en el colegio se burlaban de su condición de adoptado, pero en casa le informaron siempre de la realidad, superó sus problemas y nunca se sintió interesado por conocer a la familia biológica; también quería conocer la cara de su madre una adoptada a la que revelaron su origen con 6 años, pero desde un sentimiento de culpabilidad (la madre siempre lloraba, porque en su fuero interno no se sentía
verdadera madre, sino una ladrona que le había robado su hija a la biológica); el último caso parece ser una persona conocida (no por mí, desde luego), una adoptada procedente de la India que de mayor fue a buscar sus orígenes, aunque no encontró gran cosa. Su hermana, con la misma historia, nunca sintió necesidad de ir a la India ni de indagar nada.
COMO COLOFÓN DE LA CHARLA: LOS PADRES DE LOS ADOPTADOS, EN LA ADOLESCENCIA, TENEMOS QUE IMPONERNOS LA LABOR DE ACOMPAÑARLES EN SUS DUELOS E INSEGURIDADES POR EL ORIGEN.
El turno de preguntas fue un tanto disperso, y derivó a una especie de consultorio de padres adoptivos que tenían, más que dudas, algún que otro problema concreto, no necesariamente relacionado con la adolescencia. Lo destacable más o menos fue:
– La familia extensa puede ayudar con su historia a llenar un vacío en la historia anterior al niño (se puede superponer con la de su familia biológica, sin anularse).
– Si no hay datos, debemos darles sólo los que haya. Las suposiciones en todo caso debe quedar claro que no son más que suposiciones.
– Los adoptados de otra raza no tienen un problema específico, pero sí les resultará más difícil identificar cómo serán de adultos, o ver que su físico es próximo a gente con la que no conviven, por no estar representada en su sociedad.
– Al adoptar chicos mayores hay que multiplicar las dosis de paciencia y mano izquierda: los traemos cuando están ya en plena crisis adolescente y, normalmente, nosotros somos inexpertos porque no hemos ido aprendiendo a la par que ellos crecían.
Por último, dos opiniones de Lila Parrondo:
– Ante un niño que piensa que su madre biológica no le quería y por eso le abandonó, existe el argumento irrefutable de que algún sentimiento tiene que animar a una mujer a sacar adelante un embarazo que le dura 9 meses perturbándole la vida, los hábitos y su propio cuerpo y bienestar.
– Los padres que se transforman en terapeutas ante los problemas que pueden surgirles a sus hijos van a encontrar dificultades para ser simplemente padres.
Fuente: AdoptaEnRusia

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