No tendran mis ojos pero si mi mirada. Adopción: Lo más natural del mundo



Adopción: Lo más natural del mundo


La forma tradicional de ser madre en el mundo entero, sin concebir hijos, ha sido la adopción. Según información aparecida en la página web del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en Colombia, entre 1997 y 2012 se adoptaron 41.188 niños, niñas y adolescentes, de los cuales 5.636 eran mayores de siete años o con algún tipo de discapacidad. El año pasado, 660 menores se entregaron a personas o parejas colombianas y 805 a extranjeras provenientes de Estados Unidos y países de la Unión Europea.
El fenómeno nuevo –no sólo en el extranjero sino entre nosotros– es que ha aumentado el número de mujeres solteras y profesionales que entre los 35 y los 45 años decide adoptar. Y también muchos hombres homosexuales (más que mujeres lesbianas) han empezado a realizar trámites para convertirse en padres. Uno de los casos más publicitados en nuestro medio fue el de un periodista norteamericano al que le aprobaron la adopción de dos niños, pero al conocerse su orientación sexual, las autoridades del ICBF intentaron echar para atrás la decisión. Luego de debates legales y morales que se ventilaron en público, los menores fueron devueltos a su padre adoptante y trasladados a Estados Unidos.
En 1987, en una época, en que no era tan común que las mujeres solteras adoptaran, María Cristina Aschener, abogada de la Universidad Javeriana, decidió hacer el trámite y le entregaron una niña de dos años y medio:
“Siempre pensé que sería una buena mamá. No llegó el príncipe azul que contribuyera a hacer ese sueño realidad.
Entonces decidí que de todas maneras iba a ser mamá, pues tenía mucho para dar. Decían que una persona soltera no podía adoptar, que si yo era mayor de no sé cuántos años, no me darían un bebé. Ni pregunté. Pedí que me dieran una niña de entre dos y tres años. Me dijeron que cómo la quería. Sólo pedí que fuera sana. Realicé los trámites ante el ICBF a través de una tía que venía trabajando en adopciones desde muchos años atrás. Me sorprendió la facilidad con que me permitieron adoptar.
Ha habido momentos complicados: las dificultades del aprendizaje, la rebeldía de adolescente. Momentos felices todos los demás. Desde el segundo día de haber recibido a mi hija, desde el primer abrazo que ella te da con la confianza de que todo va a estar bien, no recuerda uno no haberla tenido. Todo encaja. Encajamos.
Aconsejo no adoptar ―y no tener hijos― si no se tiene tiempo para dedicarles y para criarlos. La vida es cada vez más difícil; no se trata de darles a los niños todo el bienestar físico posible, sino amor sin límites, lo mismo que las herramientas para enfrentar cada cosa que se les presenta en su vida hasta que ya no nos necesiten.
No hay gran diferencia entre las madres casadas y las solteras. Es importante tener la edad que le permita a uno tener las ganas de gatear, jugar, reír, leer cuentos, ir al parque, montar en patines y en bicicleta, disfrutar películas infantiles, reaprender lo que aprendiste cuando estabas en el colegio, hacer tareas, seguir la charla de los niños, asistir a las reuniones escolares, llorar por el novio que afortunadamente no llegó a ser tu yerno…”.
Extraído del artículo: Formas de ser madre en el siglo XXI
Fuente: revistacredencial.com
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